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Un chileno pinta la piel de Quito
Por: Paola Cruz (@paocruzja) / Michael Vizuete (@wlady13) / Colaboración especial: Carlos Narváez y Sofía Lara
Este tatuaje se lo hizo en recuerdo de alguien especial que fallecio haca algunos años
"Hacer lo que te gusta y que te paguen por ello, no todos tienen ese regalo" dice Eduardo Olivares, "El chileno", como lo conocen. Radicado en Quito por más de 17 años, arquitecto de profesión y tatuador por pasión.

Para conocer a Eduardo Olivares "El Chileno" basta entrar al Centro Comercial El Caracol, caminar unos 50 metros hasta Tribal Tattoo, su local.
Trabaja ahí por más de 15 años, se gana la vida plasmando su arte sobre la piel de miles de clientes. Algunos comunes y silvestres y otros deportistas famosos, estrellas de la música, modelaje y farándula nacional.

A Eduardo Olivares desde "cabro chico", como dicen en su país, le gustó dibujar, por eso decidió estudiar arquitectura.
Hace más de 18 años mientras estudiaba su carrera en Santiago de Chile, y luego en Sao Paulo, inició con su pasión. Empezó tatuándose en sus brazos y luego a sus amigos. Tiempo después se graduó de arquitecto y ya en Chile ejerció la profesión por un par de años, sin dejar de lado su verdadera vocación.
Hace ya varios años se dio cuenta que "ganaba más dinero como tatuador que como arquitecto" y optó por dedicarse de lleno al tatuaje. Para sus padres fue un golpe tener un hijo tatuador porque "no es lo mismo decir mi hijo es arquitecto, que decir mi hijo es tatuador", explica sonriendo. Al final, aceptaron su decisión y su madre que vive con él, lo apoyó siempre, alentándolo a ser el mejor en lo que hacía.
Eduardo llegó a Ecuador "mochileando" por Sudamérica con su esposa y se enamoró de esta tierra.

Eduardo Olivares, Arquitecto chileno que descubrío su pasión por el tatuaje en Brasil cuando fua a estudiar un posgrado
El maestro Olivares es jovial, su plática amena, entre anécdota y anécdota, su asentó chileno se confunde con palabras quiteñas. Y nos presenta a uno de sus ayudantes, que llego hace unos años como aprendiz, "yo no doy clases a nadie pero ellos están aquí por la misma pasión". Juntos recuerdan que un día llegó un inglés a tatuarse un escudo del Ecuador y alrededor del escudo pidió que tatuaran la frase: "El grande, alcalde de Quito", uno de los dibujos más raros que "El chileno" ha hecho en su vida ya que nunca supo el porqué de aquel dibujo.

Hincha de la U de Chile y de Liga Deportiva Universitaria de Quito,Eduardo dice que otra de sus pasiones es el fútbol. "No soy fanático y dejé de jugar hace mucho, pero cuando juegan Ecuador y Chile si le voy a la roja" asegura. El chileno tatuó a Edwin Villafuerte, cuando era arquero de la Selección y orgulloso suelta "Yo tatué a Kaviedes" .Primero me mandó a su chofer, le dije que no, luego cabreado vino él, y me ofreció el doble de paga". Con Olivares no hay preferencias. Hay que hacer cita para que él tatúe. Fui a su casa cuando cuadramos el encuentro. "uuuu buen tipo el flaco, le hice un tribal en la pierna".

La higiene es básica en su local, su ayudante retocaba un dibujo en el pie de una chica que ya se había tatuado años atrás. Se cambió de guantes quirúrgicos varias veces. Tocaba algo que no era la piel de su cliente o sus instrumentos y sentía la necesidad de desecharlos.

Así también trabaja Eduardo, a pesar de su vestimenta descomplicada con unos jeans, una camiseta negra metalera y cabello largo; es pulcro al momento de su tatuar, donde no deja escapar ni un solo detalle para evitar cualquier tipo de contratiempos. Una guitarra negra se encuentra arrimada en una pared del Tribal Tattoo, él no sabe tocarla, su ayudante es quien la usa. Aún así, Olivares explica que la música es también su pasión, el metal su género favorito, pero también escucha hip-hop o ska, "cuando llegué a Ecuador me gustó la salsa",dice. Para tatuar es básica la música, nunca puede faltar, yo prefiero un buen rock, pero hay clientes que me piden poner sus canciones para darse fuerzas.

"Me tocó aprender primeros auxilios porque hay gente que por el dolor se desmaya". La primera vez que alguien se desvaneció en su mesa para hacer tatuajes no supo qué hacer, el chileno fue el más asustado. Eduardo es una especie de psicólogo, analiza al cliente y el diseño que se quiere hacer. Advierte a cada persona que lo que se dibuje en la piel será para siempre. "Te tatúas lo que te falta, lo que se fue, lo que habla de ti y por ti", afirma, el chileno, cuando cuenta sobre las razones de sus clientes.

Su máquina para tatuar es el pincel y su lienzo la piel de sus clientes
El sociólogo Edwin Puente señala que en el pasado la gente marcaba su piel para reconocerse, para ser individual y como muestra de su personalidad. Ahora la gente se tatúa por moda, por demostrar que es único y por una reacción del subconsciente de apego a lo que no está dentro de las explicaciones humanas.

Eduardo no sabe si sus hijos seguirán con su segunda profesión y su vocación. "Una vez mi hijo de 14 años me dijo que quería hacerse un tatuaje. Le respondí que bueno, pero le conté como es el proceso y el dolor que se sufre al hacerse... No me lo pidió más". Eduardo no tiene la certeza de dejar su arte como herencia, solo sabe que lo seguirá haciendo hasta que su salud, su pulso y la confianza de sus clientes se lo permita.
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